Abre el cajón de las herramientas. Ahí está el taladro.
Te costó cuarenta euros. Lo has usado, ¿cuántas veces? ¿Tres? ¿Cuatro?
El resto del tiempo lleva años durmiendo entre los tornillos sueltos y un metro que no sabes de dónde salió.
Hay una frase muy repetida en este mundillo:
un taladro doméstico se usa, de media, unos doce minutos en toda su vida.
Doce minutos. Y lo tienes en propiedad para siempre.
Piénsalo con el coche, que en España duele más.
Lo pagas, lo aseguras, le pasas la ITV, le buscas aparcamiento.
Y está parado el 95% del tiempo, cogiendo polvo en la calle.
Aquí está la pregunta que lo cambia todo, y por la que merece la pena leer esto:
¿de verdad querías el taladro? ¿O querías el agujero?
Vamos al lío.
RESPUESTA RÁPIDA.
La economía del acceso es el cambio de fondo por el que cada vez compramos menos cosas y pagamos por usarlas solo cuando las necesitamos.
Coches, ropa, herramientas, música, películas, software: pasamos de tenerlo a acceder a ello.
En España ya se nota fuerte: el renting de vehículos superó por primera vez el millón de coches en 2025, y la compra tradicional por particulares cayó del 55,6% al 46,8% de las matriculaciones en una década.
La idea de fondo: tu cliente nunca quiso el objeto. Quería el resultado. Y el acceso es otra manera de darle ese resultado, a veces mejor… y a veces colándole gato por liebre.
El taladro que usaste doce minutos en tu vida
Hay una idea vieja del marketing que aquí encaja como un guante.
La contó Theodore Levitt hace décadas: la gente no quiere un taladro de un cuarto de pulgada. Quiere un agujero de un cuarto de pulgada.
El objeto nunca fue el objetivo. El objeto era el medio.
Querías la pared con la estantería colgada. El taladro era el peaje para conseguirlo.
Durante cien años, la única forma de tener el agujero era comprar el taladro.
Comprabas el medio para llegar al fin.
No había otra. Tener algo era la única forma de usarlo.
Lo que ha cambiado no es el deseo. Es la forma de saciarlo.
Hoy puedes tener el agujero sin tener el taladro.
Lo alquilas una tarde. O llamas a alguien que ya lo tiene.
Tatúate esto: el cliente nunca se enamoró de tu producto. Se enamoró de lo que tu producto le resuelve.
El día que aparece una forma más cómoda de resolverle eso mismo, tu producto deja de ser sagrado.
España ya está cambiando de manos
No es teoría de gurú. Mira tu propio país.
El renting de coches en España superó el millón de vehículos por primera vez en su historia en 2025.
Y lo importante no es el número gordo, sino quién está detrás: autónomos y particulares se han multiplicado por doce desde 2015.
Ya no es cosa solo de grandes flotas de empresa.
A la vez, la compra de toda la vida se desinfla.
El comprador particular pasó del 55,6% de las matriculaciones en 2015 al 46,8% en 2025.
Casi nueve puntos menos en una década. El concepto de "mi coche, mío, en propiedad" se está diluyendo delante de tus narices.
Hoy, en España, uno de cada dos coches de empresa ya se adquiere mediante renting.
¿Por qué? Porque el renting te da el resultado (moverte) sin el marrón (mantenimiento, seguro, reventa, depreciación).
Pagas una cuota, te olvidas de todo lo demás.
Y esto no pasa solo con los coches.
La ropa se alquila: hay plataformas donde por una cuota te llevas seis prendas al mes y las devuelves.
El software ya casi no se compra, se "suscribe" (eso es el famoso SaaS: pagas por usar un programa, no por tenerlo).
La música y las películas hace años que dejaron de vivir en una estantería para vivir en una app.
El patrón es siempre el mismo: el objeto desaparece, el acceso se queda.
Por qué a las empresas les encanta (y por qué deberías mirarlo tú)
Para una empresa, esto es el paraíso. Y conviene que entiendas por qué.
Cuando vendes un taladro, cobras una vez. Fin.
Cuando alquilas el acceso al taladro, cobras todos los meses. Sin fin.
El acceso convierte una venta única en un ingreso que vuelve.
Por eso los modelos de suscripción y acceso no han parado de crecer en la última década.
Y por eso media economía está intentando transformar sus productos en servicios.
Aquí va la oportunidad para ti, que es concreta:
mira lo que vendes hoy de una sola vez.
Pregúntate si tu cliente, en realidad, solo necesita usarlo de vez en cuando.
Si la respuesta es sí, ahí tienes un posible negocio de acceso: cóbrale por usarlo, no por tenerlo.
Ojito cuidado, que no vale para todo. No eres Jesucristo y no todo producto se convierte en servicio.
Pero más cosas de las que crees encajan: maquinaria, herramientas, espacios, equipos caros que tu cliente usaría cuatro veces al año.
La cara b: cuando "comprar" ya no significa comprar
Y ahora la parte que casi nadie te cuenta. La trampa.
El acceso, llevado al extremo, tiene un lado oscuro: puedes pagar por algo y no tener absolutamente nada.
El caso más sonado pasó con un videojuego, The Crew.
Mucha gente lo compró. Pagó el precio completo. Algunos hasta en disco físico.
En 2024 la empresa apagó los servidores… y el juego dejó de funcionar. Para todos. Incluso para quien tenía el disco en la mano.
Habían pagado por algo y se quedaron con una caja vacía.
La gente se cabreó. Y mucho.
Nació un movimiento, Stop Killing Games, cuya petición en Europa superó el millón de firmas en 2025. Tantas, que la UE ha tenido que sentarse a estudiarlo.
No es un caso aislado.
A principios de 2025, Amazon quitó la opción de descargarte tus libros de Kindle al ordenador.
Sony reconoció que ya el 83% de los juegos de PlayStation se venden en digital… que en realidad es una licencia que te pueden retirar.
En California han tenido que aprobar una ley que prohíbe a las tiendas usar la palabra "comprar" si en realidad solo te alquilan una licencia.
Léelo otra vez: una ley para obligarles a no llamar "comprar" a lo que no es comprar.
Esa es la línea roja, y tatúatela:
el acceso funciona cuando le das al cliente MÁS comodidad y MENOS marrones.
El acceso te explota en la cara cuando le quitas el control y se lo vendes disfrazado de propiedad.
El día que tu cliente descubre que no tiene lo que creía tener, no solo pierdes al cliente. A veces aparece hasta el regulador.
Lo que esto te enseña a ti
Llegamos al hueso.
La economía del acceso no es una moda. Es lo que pasa cuando alguien se da cuenta de que el cliente quería el agujero, no el taladro.
Es separar el resultado del objeto.
El que se enamora del objeto que vende ("yo vendo coches", "yo vendo taladros") se queda mirando cómo otro le da al cliente el mismo resultado sin el objeto.
El que se enamora del problema ("yo resuelvo que la gente se mueva", "yo resuelvo que la gente cuelgue la estantería") ve la oportunidad antes que nadie.
Pero con dos reglas honestas, o esto se te vuelve en contra:
Uno. El acceso solo gana si das más, no menos. Más flexibilidad, menos preocupaciones. Si tu "acceso" es en realidad una forma de cobrar más por darle al cliente menos control, te durará poco.
Dos. Nunca disfraces el alquiler de propiedad. Si le cobras como si fuera suyo, tiene que ser suyo. Si no lo es, díselo a la cara. La confianza tarda años en construirse y se evapora el día que alguien descubre que su "compra" era humo.
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente la economía del acceso?
Es el modelo en el que el cliente paga por usar algo cuando lo necesita, en lugar de comprarlo y tenerlo en propiedad. En vez de comprar un coche, lo alquilas a largo plazo; en vez de comprar un programa, lo "suscribes"; en vez de comprar películas, pagas una plataforma. Tienes el resultado sin cargar con el objeto.
¿Por qué la gente prefiere acceder en lugar de poseer?
Sobre todo por flexibilidad y por evitar marrones. Un coche en renting te quita el mantenimiento, el seguro y la reventa. Para mucha gente joven, además, poseer ha dejado de ser un símbolo de éxito: pesa más la libertad de cambiar y no atarse. Y el precio de comprar muchas cosas se ha disparado.
¿Es buen negocio montar algo de acceso o suscripción?
Puede serlo, porque convierte una venta única en ingresos que se repiten. La clave está en que el cliente use de verdad lo que alquila, de forma recurrente, y en darle más comodidad de la que tendría comprándolo. Si no, acaba siendo una cuota que cancelará en cuanto la mire.
¿Cuál es el mayor riesgo de la economía del acceso para el consumidor?
Quedarte sin nada. Como pagas por acceder y no por poseer, quien te da el acceso puede retirártelo: cierra el servicio, sube el precio o cambia las condiciones, y tú te quedas con las manos vacías. Por eso han surgido movimientos y leyes que exigen dejar claro cuándo "comprar" es en realidad "alquilar".
¿Esto significa que la propiedad va a desaparecer?
No. De hecho hay una reacción en marcha: mucha gente vuelve a querer tener cosas que nadie le pueda quitar, sobre todo en lo digital. El futuro no es "acceso contra propiedad", sino saber cuándo cada uno tiene sentido. Lo que cambia es que ya no das por hecho que poseer es siempre lo mejor.
Para seguir leyendo
· Fatiga de suscripción: por qué cancelamos cuotas y cómo evitar que te cancelen a ti: /blog/fatiga-de-suscripcion
· Cómo gana dinero Amazon de verdad (y por qué te alquila más de lo que te vende): /blog/como-gana-dinero-amazon
· Recommerce: el negocio de la segunda mano que ya no da vergüenza: /blog/recommerce-segunda-mano
Una última, y mira tu catálogo cuando termines:
de todo lo que vendes hoy de una sola vez, ¿qué es lo que tu cliente, en el fondo, solo quiere usar de vez en cuando?
Porque puede que no estés vendiendo un objeto. Puede que estés vendiendo un agujero en la pared… y todavía cobrándolo como si fuera el taladro entero.
— Jota
#BuenasPreguntas #EscritoPorUnHumano




